El albaricoquero tiene fama de ser uno de los árboles más viajeros que se conoce. Su origen se sitúa en el norte de China, donde todavía se encuentra en estado silvestre como flora espontánea.
Fue llevado a Grecia por Alejandro Magno a la vuelta de sus conquistas en la India. De Grecia pasó a Roma, desde donde su cultivo se extendió por toda la región mediterránea. En el siglo XVIII fue llevado a Norteamérica, donde se aclimató en California y en los estados ribereños del Misisipi. Y su largo viaje no acaba aquí, pues los astronautas estadounidenses lo llevaron a la luna en uno de sus viajes espaciales.
Su atractivo color anaranjado, su grato aroma y su sabroso dulzor, han hecho del albaricoque uno de los frutos predilectos de la estación veraniega. Además los albaricoques desecados (los famosos orejones), o en mermelada, perduran todo el invierno.
PROPIEDADES E INDICACIONES: El albaricoque tiene un poder energético bajo (unas 48 Kcal/100 g), por lo que resulta muy recomendable en las dietas de adelgazamiento. Es alcalinizante, por su riqueza en sales minerales alcalinas, destacando su bajo contenido en sodio y su riqueza en potasio. Contiene varios oligoelementos minerales de gran importancia fisiológica, como el manganeso, el flúor, el cobalto y el boro. Es rico en azúcares (fructosa y glucosa).
En los albaricoques desecados (orejones) las proteínas alcanzan un valor importante (hasta un 5%). Igualmente ocurre con el hierro, que es uno de sus principales minerales.
Sin embargo, el componente más notable de los albaricoques, tanto frescos como secos, es el beta-caroteno o provitamina A. A ese componente se deben la mayor parte de sus indicaciones dietoterápicas, que son las siguientes:
Las cantidades de provitamina A y de hierro que contiene el albaricoque son realmente pequeñas en relación con las grandes dosis que pueden contener los preparados farmacéuticos. A pesar de ello, los resultados que se obtienen con el consumo habitual de esta fruta son superiores a lo que cabría esperar
por su contenido en hierro o en provitamina A.
Este es uno de los hechos más sorprendentes de la ciencia de la nutrición, al que solo en los últimos años se están empezando a encontrar una explicación científica: La acertada combinación de vitaminas, minerales y otras sustancias químicas presentes en los alimentos naturales, potencian su acción y produce unos resultados superiores al de sus componentes aislados y purificados en forma de preparados farmacéuticos.